A cuatro décadas de la consagración de la Selección argentina en el Mundial de México 1986, Ranchos decidió inmortalizar a uno de sus hijos más ilustres. La ciudad bonaerense inauguró un monumento en homenaje al Tata Brown, el defensor que abrió el marcador en la final frente a los alemanes y protagonizó una de las escenas más emblemáticas de la historia del fútbol argentino al disputar gran parte del encuentro con el hombro derecho luxado.
Del acto participaron su hermano mellizo, Miguel Ángel Brown; su hija Florencia; vecinos y autoridades locales, quienes descubrieron la escultura emplazada en el Polideportivo municipal.
La obra recrea el festejo de Brown tras la obtención de la Copa del Mundo en el Estadio Azteca y también la icónica imagen del defensor sosteniendo su brazo lesionado con la camiseta enganchada en el dedo pulgar. Además, el monumento incorpora un fragmento del histórico relato de Víctor Hugo Morales, quien durante la transmisión radial mencionó a Ranchos, la ciudad natal del campeón del mundo.
Nacido en noviembre de 1956, Brown pasó su infancia entre el fútbol y la Casa del Niño "Virgencita del Pilar", institución con la que mantuvo un fuerte vínculo durante toda su vida. Ya de adolescente comenzó su formación en Estudiantes, adonde viajaba diariamente haciendo dedo por la Ruta 29 para entrenarse.
Su carrera lo llevó a consagrarse campeón con el Pincha, jugar en el fútbol colombiano y vestir la camiseta de Boca. Sin embargo, su momento más recordado llegó en el Mundial de México 1986, cuando fue titular en la final ante Alemania, convirtió el primer gol del partido y dejó una muestra de entrega que trascendió generaciones.
Durante el homenaje, su hija Florencia recordó la enseñanza que le dejó su padre. "Él me enseñó que los sueños se cumplen si uno trabaja por ellos. Cuando se lesionó en la final ya había dado todo, pero decidió seguir. Nos dejó el mensaje de luchar por lo que queremos, sacrificarnos, esforzarnos y hacerlo siempre con humildad", expresó.